En el marco del proyecto FUTURNAT, se han desarrollado durante los meses de febrero y marzo de 2026 talleres de antotipia con niños y niñas de 3 y 4 años (segundo ciclo de educación infantil). La experiencia se estructura en tres sesiones por aula, concebidas como un proceso progresivo de aproximación a la imagen desde su dimensión material, ecológica y relacional.

La antotipia, como técnica fotográfica sin cámara basada en pigmentos vegetales fotosensibles, permite situar la producción de imágenes en un marco que desborda las lógicas representacionales habituales. Frente a modelos centrados en la interpretación de imágenes ya dadas o en el uso instrumental de tecnologías digitales, esta práctica pone el acento en la génesis de lo visible, atendiendo a las condiciones materiales y naturales que hacen posible la aparición de la imagen.

A partir de hojas, flores y otros materiales vegetales, es posible obtener emulsiones de color que, aplicadas sobre papel y expuestas posteriormente a la luz solar, permiten generar imágenes por diferencia entre las zonas cubiertas y las expuestas. Más allá de su interés técnico, esta práctica resulta especialmente pertinente en contextos educativos por su accesibilidad, por el trabajo directo con materiales del entorno y por la posibilidad de acercar la imagen a procesos materiales y temporales no inmediatos.

El taller se estructuró en tres sesiones. En la primera, los niños y niñas trabajaron en la preparación de las emulsiones vegetales. A partir de diferentes elementos naturales, participaron en acciones de manipulación, mezcla y aplicación del color sobre el papel. Esta fase permitió introducir el contacto directo con la materia, la observación de sus transformaciones y la experimentación con cualidades como la textura, la intensidad cromática o la extensión de la mancha.

La segunda sesión se centró en la composición y la exposición solar. Sobre las superficies previamente emulsionadas, se colocaron hojas, flores y otros pequeños elementos vegetales, configurando disposiciones simples que posteriormente fueron llevadas al exterior para su exposición al sol. En este momento, la práctica incorporó de forma explícita factores como la luz, el tiempo de espera y las condiciones ambientales, fundamentales para la aparición posterior de la imagen. La actividad permitió así introducir una relación con la producción visual que no depende de la inmediatez, sino de la observación y del acompañamiento del proceso.