El 10 de mayo participamos en el estreno del documental Amazomania en el marco del Festival de Cine Documental de Barcelona. Miquel Figueras, profesor del departamento de Antropologia de la UAB y responsable de investigación en AlterNativa Intercanvi amb Pobles Indígenes, y Elisenda Ardèvol, como IP del proyecto FUTURNAT, estuvimos conversando después del visionado sobre el documental a partir de tres ejes: el mito del explorador y el imaginario del encuentro cultural; la realidad actual de las comunidades indígenas en la Amazonia y la mediación cultural; y el cruce de miradas en el documental y su interpelación con el público.

El documental cuestiona la épica del explorador heórico que va en busca de tribus no contactadas a partir de tres momentos: Una nueva edición del metraje de la expedición al valle del rio Javari realizada por Erling Söderström en 1996 (a cargo de Nathan Grossman); Un montaje sobre el éxito de su película “The hidden tribus of the Amazonia” en 2003; y el re-encuentro de Söderström con sus sujetos “filmados” del pueblo korubo, en el año 2023, acompañado por Grossman.

Ojo, algo de spoiler:

El mito del progreso en el imaginario moderno tiene como contrapartida la imagen romántica de una selva “prístina” en la cual los nativos viven segun las leyes de la naturaleza, de las cuales el civilizado se ha alejado. Esto genera un sentimiento de pérdida y de nostalgia por el “paraíso perdido” que impulsa a aventureros como Erling a afrontar los peligros que sean necesarios para tener una experiencia auténtica de contacto cultural con otras gentes aún no corrompidas por la civilización, el capitalismo y la tecnología moderna. Podríamos decir que la cámara de Erling lanza una mirada ingénua de manera que proyecta el encuentro cultural como una catarsis colectiva.

Erling penetra en la selva, junto con otors periodistas y reporteros, guiado por Sydney Possuelo, oficial de la FUNAI que en ese periodo estaba “demarcando” el territorio del pueblo korubo para protegerlos de los colonos, aunque con éxito relativo. Si la mirada de Erling peca de romanticismo e ingenuidad frente a una situación colonial de violencia, explotación y desigualdad, los korubo son muy conscientes de los peligros del contacto y de las cámaras y de los rifles de las gentes que los visitan, aunque se muestren alegres y confiados, es una estrategia de diplomacia, la misma que utiliza el equipo de Sydney para acercarse a ellos sin asustarlos. El “encuentro” no es una comunión entre diferentes, es una tensa escenificación.

El retorno de Erling al territorio Korubo 30 años despúes y de la mano de Nathan es de una gran dureza, ya que en vez de los abrazos que esperaba, se encuentra con que sus contrapartes le reclaman qué ha hecho con sus imágenes, porqué no hubo un retorno, para qué fue a la selva… y si se enriqueció con las imágenes robadas en esos encuentros, es hora de que les ofreca una compensación por derechos de imagen. Ver y escuchar la versión de los korubo es una revelación que nos enfrenta al extractivismo visual y epistemológico, que se une a un extractivismo demoledor del territorio.

Así pues, el documental es un juego de espejos que examina como miramos y como somos mirados, pero sobretodo, questiona la épica que esconde la asimetría y desigualdad social tras una celebrada búsqueda de la alteridad cultural como objeto de conocimiento.